Decir lo que piensas con respeto¡Que tu palabra sume!
¡Buenos días a todos!
Ayer hablábamos de la importancia de escuchar de verdad; hoy damos el siguiente paso: aprender a decir lo que pensamos con la misma madurez y respeto. Saber decir lo que piensas es una señal de madurez. Pero saber cómo decirlo marca la diferencia.
No se trata de callarse para evitar problemas. Tampoco de soltarlo todo sin filtro. Se trata de aprender a expresarte con claridad y respeto. Defender lo que piensas sin atacar. Mostrar lo que sientes sin imponer.
A veces creemos que ser directos es ser duros. Y no es lo mismo. Puedes decir lo mismo de dos maneras muy distintas:
No es igual “eres un impuntual”
que “me ha molestado que llegaras tarde”.
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No es igual “siempre haces esto mal”
que “me gustaría que lo intentáramos de otra forma”.
Hablar desde el “yo” cambia muchas cosas. “Yo pienso”, “yo siento”, “yo necesito”. Eso no acusa, explica. No juzga, comparte.
Ser protagonista de tu historia también es esto: aprender a comunicar con firmeza y respeto. Porque la forma en la que dices las cosas habla tanto de ti como lo que estás diciendo.
Hoy puede ser un buen día para preguntarte:
¿mi manera de hablar construye… o complica?
Señor, ayúdanos a decir la verdad con serenidad y a expresarnos con respeto.
María Auxiliadora de los cristianos, ruega por nosotros.
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