Corazón despierto para el verano
«Vosotros sois la luz del mundo»
Mateo 5, 14
Y.... ¡llegó el ansiado viernes!
Hemos llegado al final de la semana y casi casi, al final del curso. Y quizá hoy no toca solo pensar en descanso, planes, maletas, vacaciones. Toca también preguntarnos cómo queremos salir de este curso y cómo queremos entrar en el verano.
Porque uno puede irse en modo pausa, dejándose llevar, pasando los días sin más. O puede irse con el corazón despierto, con ganas de vivir de verdad, de aprovechar el tiempo, de ser más uno mismo, de cuidar mejor lo importante, de volver en septiembre con historias que merezcan ser contadas.
El verano no tiene por qué ser un tiempo vacío. Puede ser un tiempo también para aprovecharlo al máximo. Un tiempo para recuperar cosas buenas, para ordenar un poco la vida, para ilusionaros, para leer más (leed mucho), caminar más, hablar más, reír más, rezar más, querer más. Un tiempo para vivir sin tanta prisa y con más verdad.
A veces parece que solo pasa algo importante cuando es espectacular. Pero muchas veces lo que más nos cambia sucede en verano de una forma callada: una conversación, una decisión, una amistad, una reconciliación, una paz nueva, una manera distinta de mirar la vida.
Ojalá salgáis al verano no dormidos, no vacíos, no dejándoos arrastrar… sino con el corazón despierto, con luz dentro y con ganas de hacer de estos meses algo bueno.
Señor,
al terminar este curso,
queremos poner en tus manos todo lo vivido
y también todo lo que está por venir.
Cuida nuestro verano,
nuestras familias, nuestros amigos y nuestros caminos.
Haznos personas con luz, con verdad y con alegría,
capaces de vivir este tiempo con sentido y con corazón.
Amén.
Dios te salve, María...
María, Auxiliadora de los Cristianos, ruega por nosotros
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